A unas les fallan los frenos, a otras les faltan las ruedas, y tengo que coger las de otra bici. Aquí no se tira nada», asegura Epifanio Arana Narvarte. Jubilado de 75 años, natural de la Rochapea, dedica una media de tres horas al día a arreglar o recomponer bicicletas usadas en una nave de las Casas de Puig en el pamplonés barrio de Echavacoiz.

«Con este tiempo a dónde vas a ir», dice. «Vengo por hobby, por no estar en el bar. Paso aquí un rato, y arreglo un par de bicis o tres, depende de las ganas».

Así, enderezando radios, reponiendo frenos o parcheando pinchazos lleva el último año y medio. El tiempo que ha pasado desde que la ONG salesiana Jóvenes del Tercer Mundo se decidiera a realizar la campaña Re-cycle para recoger bicicletas y destinarlas a zonas deprimidas de África y Latinoamérica.

«Cuando yo era niño, el que tenía una bici era el rey del barrio», recuerda con nostalgia echando la vista a las huertas de la Rochapea en la década de los 30. Algo así deben sentir ahora los centenares de niños y adolescentes que pueden pedalear con las hasta 1.200 bicicletas que han pasado por sus manos. Por el testimonio de alguno de los misioneros que las ha distribuido, sabe que los nuevos dueños acostumbran a cargarlas «como si fueran un camión y llevan leña a casa o fruta para vender en el mercado».

«Abuelo, se ha roto la bici»

«Abuelo, que se me ha roto la bici», es la frase que precedía a sus únicas experiencias hasta hace poco como mecánico de ciclos. Epifanio Arana tiene 6 nietos de entre los 3 y los 11 años a los que ha tenido que arreglar la bici en media docena de ocasiones.

Pero su contacto con los pedales viene de más atrás. En la década de los 50 fue varias veces campeón navarro de ciclismo en carretera. Recuerda, además, que cuando realizaba el servicio militar con 21 años, gracias a la afición por el ciclismo que tenía el capitán Zapatería, obtuvo permiso para correr el Campeonato de España de Montaña, que ganó en Villafranca de Ordicia, y llegó a enfundarse la elástica semiprofesional del Anaitasuna-Noáin.

Tras más de medio siglo retirado de la competición, Epifanio Arana no ha colgado la bici y sigue practicando con un grupo de amigos cada semana. No le sobra el tiempo. «Me gusta mucho pescar, aunque este año no han levantado la veda de trucha, a ver si se reproducen de una vez y nos dejan», señala. Con esta apretada agenda, «el tiempo se busca y se saca de donde se puede».

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